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Cuánto le cuesta a tu empresa mandar un empleado a hacer un trámite

Son las diez de la mañana. Hay que presentar una carpeta en el banco. Alguien de administración agarra el sobre, sale, y vuelve pasadas las tres de la tarde. Nadie lo anota en ningún lado, nadie lo factura, nadie lo mide. Pero se pagó.

La mayoría de las empresas que conocemos no tiene idea de cuánto le cuesta esa media jornada. No porque no sepan hacer cuentas, sino porque el costo está repartido en lugares donde nadie lo busca: en el sueldo, en el trabajo que no se hizo, en el trámite que quedó a medias y hay que repetir la semana que viene.

Esta nota es para hacer esa cuenta con tus propios números.

Los cuatro costos que casi nadie suma

1. Las horas que ya pagaste

Empezá por lo obvio. Tomá el sueldo bruto mensual de la persona que hace el trámite, dividilo por la cantidad de horas que trabaja al mes, y multiplicalo por las horas que estuvo afuera. Sumale las cargas sociales.

Ese es el piso, y ya suele ser más de lo que la gente estima. Un trámite bancario en hora pico rara vez es "una hora": es el viaje de ida, la cola, la gestión, el viaje de vuelta y los quince minutos de reacomodarse al llegar.

2. El trabajo que no se hizo

Este es el costo más grande y el más invisible. Si la persona que salió es la que concilia, la que factura, la que atiende el teléfono o la que carga los pagos, esas tareas no desaparecieron: se corrieron. Alguien las hace más tarde, apurado, o no las hace nadie.

Cuando el trámite lo hace la persona equivocada —el dueño, un socio, alguien del área comercial— el número se dispara, porque estás pagando una hora cara para hacer una tarea que no requiere esa calificación.

3. Los viáticos reales

Transporte, estacionamiento si fue en auto, el café de la espera. Individualmente son montos chicos. Multiplicados por la cantidad de trámites del mes, dejan de serlo.

4. El trámite que salió mal

Faltaba una firma. El sello estaba vencido. Cerró la ventanilla. La sucursal pedía otro formulario. Cuando el que va no hace esto todos los días, la probabilidad de volver con las manos vacías es alta, y el costo se duplica exacto: hay que ir de nuevo.

Hacé la cuenta una vez. Tomá los trámites del mes pasado, calculá las horas reales de puerta a puerta, multiplicá por el costo hora cargado de quien fue, y sumale los viáticos. El número que te da es lo que estás pagando hoy por un servicio que no contrataste.

El costo que no es plata

Hay algo que la cuenta no muestra y conviene mirar de frente: cuando mandás a un empleado con documentación sensible, esa documentación viaja sin protocolo. No hay comprobante de retiro, no hay registro de entrega, no hay nadie a quien reclamarle si el sobre se traspapela.

Funciona porque confiás en la persona, y está bien. Pero la confianza en el empleado no es lo mismo que un proceso. Si esa persona se enferma, renuncia o está de vacaciones, el trámite no tiene quién lo haga, y ahí aparece la improvisación.

Cuándo conviene tercerizar y cuándo no

No todo trámite hay que delegarlo. Vale la pena hacerlo cuando se cumple alguna de estas condiciones:

Y no conviene cuando el trámite requiere que vaya sí o sí alguien con poder de decisión, o cuando hay que firmar en el momento algo que solo puede firmar un apoderado. Eso es indelegable, y cualquier servicio serio te lo va a decir de entrada.

Qué mirar en el presupuesto

Cuando pidas una cotización, pedila comparable con tu propio número. No preguntes solo "cuánto sale un envío": preguntá cuánto sale resolver ese trámite completo, con la espera incluida. Un trámite bancario no es un envío de un punto a otro; es un envío más una gestión más una cola.

Un servicio que te cotiza sin preguntarte qué hay que hacer adentro del banco, probablemente no lo haya hecho nunca.

¿Querés hacer la cuenta con un caso real?

Contanos qué trámite te está comiendo el día y te decimos qué sale resolverlo.

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